Os dejo unas fotos para que veáis lo bonita que estaba mi ciudad.
Y ahora vamos a lo que realmente nos interesa, al dulce!!! Estos días tan fríos en casa, sin nada que hacer, al colorcito de la calefacción, acompañan para meterse en la cocina para hacer algo fácil, rápido y rico.
El sábado mis padres tenían cena en casa de unos amigos, y como no, me ofrecí voluntaria para hacerles el postre. Quería hacer algo que no conllevara encender el horno, porque llevamos un mes con las galletas, los bizcochos y demás...que cuándo venga la factura de la luz no sé yo si me van a echar de casa...
Me decidí por una tarta de queso o cheesecakes que llaman ahora de mascarpone y oreo y una cobertura de glaseado de caramelo que vi en la página de Alma Obregón (http://www.objetivocupcake.com/), que por cierto recomiendo totalmente. Todo tiene una pinta increíble.
Mi hermano protestó al oir ¡Tarta de queso!...le encanta la que hago normalmente (ya la haré otro día) así que al final tuve que hacer por un lado la tarta que se iban a llevar mis padres y otras tres pequeñas para el pequeño de la casa =). Para las tartas pequeñas he utilizado tres moldes de cortapastas que tenía por casa. Las puse sube sobre una superficie plana y fuí siguiendo los mismos pasos y echando los mismos ingredientes que he empleado para la tarta normal.
*Es mejor hacer la tarta de un día para otro para que la cuajada haga su función y el relleno quede bien sólido.
INGREDIENTES
Para la base:
- Un paquete de galletas Oreo (yo use las de marca hacendado que saben igual y son más baratas).
- 40 gr de mantequilla.
- 250 gr. de queso mascarpone.
- La crema de las galletas oreo de la base.
- 400 ml de nata para montar.
- 400 ml de leche entera.
- Dos sobres de cuajada.
- 40 gr de azúcar moreno.
- 30 gr de mantequilla.
- 2 cucharadas de nata para cocinar ( yo en este caso use la nata que me sobraba del relleno que era de montar).
- 125 gr de azúcar glas.
- Galletas oreo enteras troceadas.
Lo primero que hacemos es separar la crema de las galletas. Ponemos en un cuenco la crema y resevamos y en otro las galletas. Derretimos la mantequilla en el microondas unos segundos y lo mezclamos con nuestras galletas oreo y cubrimos la base de nuestro molde con esta mezcla. Con ayuda de las manos o de una cuchara vamos presionando para dejar la base lo más igualada posible por todas partes. Y metemos al frigorífico para que se asiente bien mientras vamos preparando nuestro relleno.
En un cazo,
ponemos a calentar la nata y 200 ml de leche. Dejamos los otros 200
aparte y disolvemos los dos sobres de cuajada procurando que no queden grumos.
Incorporamos a la mezcla y echamos la crema de las galletas y el queso
mascarpone. Lo llevamos a ebullición sin
parar de romover unos dos minutos con ayuda de unas varillas para que no se nos
pegue al fondo. Es importante que la mezcla hierva para que la cuajada haga su función y la mezcla quede sólida.
Sacamos
el molde e incorporamos con cuidado (si hace falta nos ayudamos
de una cuchara dada la vuelta) nuestro relleno y volvemos a meter al
frigorífico y dejamos reposar varias horas.
Tienen que quedar así. Las tartas tienen que estar bien frías antes de hacer nuestro glaseado y echárselo por encima, por eso es mejor hacerlas de un día para otro.
Ahora vamos a hacer nuestro glaseado de caramelo.
Tamizamos el azúcar
glas y lo colocamos en un bol. Mientras tanto, calentamos la nata con el azúcar
y la mantequilla hasta que comience a hervir. Vertemos la mezcla sobre el
azúcar glas y batimos muy bien. Ajustamos la textura del glaseado con un
poquito más de nata, si ha quedado muy denso (o un poquito más de azúcar, si ha
quedado muy líquido).
En mi caso, volví a calentar toda la mezcla (sin llegar a hervir, a temperatura muy baja) ya que el azúcar glas se notaba un montón. De esta manera, se deshace por completo y no lo notamos para nada al comerla. Retiramos del fuego, desmoldamos nuestras tartas y hasta que no esté a temperatura ambiente no se lo echamos por encima.
Las decoré con trozos de galleta oreo.
Las decoré con trozos de galleta oreo.
He de decir a mi favor, que quede muy contenta con el resultado y no hay mejor muestra de que algo gusta cuando no se oye nada mientras se las están comiendo y desaparecen de los platos en un abrir y cerrar de ojos y te miran con una sonrisa de oreja a oreja pidiendote más (pero ya no había más jjajaja).
Estaban buenísimas y la presentación es bonita y sencilla y no dejas de mirarlas con ojos golosos. Las pequeñas desaparecieron en un minuto y los amigos de mis padres quedaron muy contentos con la tarta.























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